SEVILLA, España | Tarde para la historia en la Maestranza. Fue la tarde de Morante de la Puebla, que agrandó su ya gigante leyenda tras cuajar una faena tan completa como excepcional con capote, muleta y estoque. Una apoteosis que desató la petición unánime del rabo de un toro con mucha clase, de nombre Ligerito y premiado con la vuelta. La tarde de hoy miércoles tuvo mucho que contar y para el recuerdo queda también el toreo con el capote de Juan Ortega, que rivalizó con el cigarrero en un tercio de quites inolvidable.

El primero fue un toro bien rematado que sufrió una costalada en el capote y junto a su falta de raza lo acusó mucho. Antes, Morante de la Puebla lo toreó de forma sublime con el capote con ocho lances a la verónica y una media de remate excelente. En el quite se sintió a gusto de nuevo el torero sevillano. El toro tuvo nobleza pero duró poco tiempo. Apenas dos tandas con la derecha y un intento con la izquierda. Se apagó el animal y lo mató de estocada atravesada y descabello.

Apoteosis grandiosa en el cuarto, un súper clase de Domingo Hernández, con nobleza y humillación, de nombre Ligerito, número 82, negro, de 515 kilos, premiado con la vuelta al ruedo, permitió a Morante hacer historia en Sevilla. Estuvo sensacional desde un saludo memorable con el capote a la verónica, seguido por unas tafalleras y unas gaoneras para responder a un quite de Diego Urdiales. La plaza hervía aún más sobre el calor presente. El toro fue una delicia de clase y Morante escribió una página gloriosa en una faena llena de arte, con tandas por ambos pitones, completas, desde el embroque hasta el remate. Toreó muy ligado, en una loseta, con el añadido de pases de la firma, trincherillas y los de pecho. Delirio en la plaza cuando se puso de frente para torear al natural como los Vázquez. Se tiró a matar y dejó una estocada perfecta. Clamor, dos orejas y rabo y vuelta clamorosa para el toro. Desde Ruiz Miguel no lo cortaba un matador en Sevilla. Legendario.

El segundo fue un toro manso y descastado. En los primeros tercios dio arreones con peligro para la cuadrilla. Diego Urdiales tropezó con un animal que salió distraído de la muleta. En una tanda logró conducir su embestida. Se rajó y huyó del torero el de Domingo Hernández. Dejó un pinchazo y se fue a la solanera, donde dejó una estocada trasera.

El quinto tuvo calidad por el pitón derecho y se defendió por el izquierdo. Diego Urdiales se gustó con el capote y realizó una faena con tres tandas buenas por la derecha sin poder encontrar el sitio ni el temple por la izquierda. Faena por tanto intermitente que remató de buena estocada.

El tercero, muy noble pero justo de raza, duró poco. Juan Ortega esculpió un monumento a la verónica con lances a cámara lenta, acompañados por la música. Repitió por delantales en el quite, de forma exquisita. En su turno, Morante dibujó chicuelinas preciosas, replicadas por Ortega a la verónica. Un tercio de quites inolvidable. Le brindó a Curro Romero una faena corta con el toro, que tuvo clase en su embestida pero muy apagado. Dos tandas excelsas con la derecha y ya no pudo seguir ligando ante el parón del toro. Lo mató de un pinchazo y media estocada.

Cerró plaza el toro más terciado de la tarde. Juan Ortega se estiró con buenos lances a la verónica. Se picó y cumplió en dos varas. El de Domingo Hernández tuvo bondad y las fuerzas justas. Ortega se dobló de entrada. Una primera tanda con la derecha fue entonada. Por la izquierda le enganchó la muleta y los pases surgieron de uno en uno. No se acopló en la siguiente y la faena perdió intensidad. Acabó macheteando al animal.