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Es cierto, el espectáculo taurino
es espléndido en el despliegue de color, otras artes también pueden serlo, pero
la gama de colores que se exhibe en una corrida es la perfecta combinación de
distintos elementos, que sumados hacen que nuestra retina se complazca de ver
tan hermosa variedad, por eso muchos artistas a través de los años, han pintado
innumerables cuadros de toros, algunos lo hacen por encomienda, otros no lo
hacen para ganar algún concurso de pintura y la inmensa mayoría lo hacen por
puro placer, combinando colores de la fiesta brava.
Desde el traje del torero que puede ser verde botella y oro, o blanco y plata, o tabaco y oro, o verde olivo y negro, el toro podía ser berrendo en castaño, colorado ojo de perdiz, cárdeno o jabonero o negro salpicado, las tablas de la plaza podían adquirir el tono de marrón o rojo, la arena podía ser gris, beige, amarillenta o anaranjada, se podía pintar las banderillas con los colores más oportunos, aquellos que hicieran juego o contraste con el resto de elementos, se puede pintar capotes brillantes de fucsia y amarillo, o de fucsia y violeta, o encendidas muletas color sangre, el color negro de las zapatillas y de las monteras siempre son puntos de atención dentro de la composición, y ni qué decir si al toro se pinta de negro azabache, con destellos azulados.
El público forma parte del todo
en una corrida, las bellas mujeres, vestidas como sólo se les ve en los toros,
acompañadas de caballeros orgullosos de poder lucirlas en la plaza, completan
con su vestir el ya amplio juego cromático, y el toro y su pelaje, si bien es
cierto que la gran mayoría de toros de lidia son negros como la noche, existe
una amplia variedad de pelos y pintas que, de salir por la puerta de los sustos,
entusiasman a todos los asistentes.
El toreo es tan hermoso que vence la barrera de la policromía y destaca por sí solo, pues su esencia no radica en el color, sino en su belleza, no existe en el mundo entero ningún otro espectáculo que, siendo tan rico en color, se dé el lujo de obviarlo y seguir siendo tan espléndido y si no es así, que venga quien lo sabe y que lo diga.
En esta instantánea, con un
colorido espectacular; tarde festiva de faroles y farolillos, en las plazas de
nuestro país se logra apreciar esta belleza que sorprende inclusive a uno que
otro, que por vez primera llega y se sienta a los tendidos a disfrutar de una
corrida de toros, viendo a su alrededor el colorido que muy difícilmente se
pueda disfrutar en otra parte.
Por eso el color de la fiesta
brava, es algo que solo se disfruta cuando se llega a presenciar una corrida de
toros, desde una comunidad rural a donde se viene celebrando estos festejos en
honor a algún patrono, hasta en la plaza más grande del mundo en la que se
puede valorar la más hermosa de las fiestas, que es hasta nuestros tiempos
inspiración de mucha gente en varias maneras.
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